Detente, tened en tus manos un poco de tiempo.
Has aguardado una vida por este momento, dejad mirar y comienza a escuchar; no soy más que un viejo chillido, soy el llanto envejecido de un niño, que con esperanza declaro mi verdad. Todo es un sonido, desde el grito de vida de la propia vida, como la explosión sorda que dio nombre a todo. La primera palabra de Dios, el primer verbo que tomo forma gestora a los pies de algo olvidado.
Valorad el tiempo, que no importad cuan vieja sea tu raza, cuan olvidada pienses que este, siempre que tendra tus dudas, valora su memoria. Que es la tuya propia.
martes, 17 de marzo de 2009
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