viernes, 1 de febrero de 2008

...

Te movias esuchando la noche, meneabas esas caderas tratando de hipnotizarme; quizás querías atrapar a todos.

No tenías voz (no la necesitabas), tampoco edad. Eras eterna, viva y muerta, dentro de la misma piel.

Es tal vez por falta de experiencia que te hablé, pero fue tu voz ronca que destruyó la ilusión.

1 comentario:

Cony dijo...

Que cortito tu escrito, me acostumbraba a tus textos bien extensos :P .. buen título =) me gustó y el final del cuento tb jaja

Nos vemos (=