Te movias esuchando la noche, meneabas esas caderas tratando de hipnotizarme; quizás querías atrapar a todos.
No tenías voz (no la necesitabas), tampoco edad. Eras eterna, viva y muerta, dentro de la misma piel.
Es tal vez por falta de experiencia que te hablé, pero fue tu voz ronca que destruyó la ilusión.
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1 comentario:
Que cortito tu escrito, me acostumbraba a tus textos bien extensos :P .. buen título =) me gustó y el final del cuento tb jaja
Nos vemos (=
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