Estabas tendida en la cama, uno ahogaba su pena llorandote los pies. Quisiste soñar y solo estuviste despierta; que final más extraño fue el que te arrebato el aliento.
Ellos siguen llorando porque no te levantaras más, aún te extrañan. Tu te largaste, te fuiste.
Que me importa que seas mortal... tu sabes que fue egoista desaparecer.
Así dejaste a mis hermanos, sin la oportunidad de conocer tu voz.
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Se arrastró como un gusano, solo comió tierra.
Se quemó con un sol que no conocía; le arranco la piel, broto su sangre.
Nunca tuvo la oportunidad de erguirse, pero seguía avanzando, en el desierto y su arido deseo de drenar vida.
Se movió por años sin tener un respiro en sus labios. Su piel negra, azabache, de noche recorría el cielo.
Pasaron 100 años, se volvió parte de ese todo.
Ahora impotente observa como su tierra y su gente es destruida y humillada, por el demonio del sol blanco.
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Se enamoró y destruyó.
Corrió sin mirar atras, tan rápido que el mundo le regalo el oro.
Tuvo un apellido que le dio alegria a millones, pero su historia solo demuestra que uno nunca puede huir de su sangre.
Era un guerrero, como pocos se han visto en el mundo. Su fuerza, su vitalidad, solo demostraban su ancias de vivir.
Pero nuestros deseos nos traicionan, el hombre que hizo de sí el sueño americano, solo corré en su pesadilla, para quizás despertar en su tierra confundir todo lo que vivió con una pesadilla de un futuro inimaginable.
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